El mensaje de esperanza de la Sábana Santa en nuestro mundo en crisis

Entrevista con Emanuela Marinelli, autora del libro Nuova luce sulla Sindone (Nueva luz sobre el Sudario, publicado por Ares en italiano)

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¿Qué novedades aporta su libro sobre la Sábana Santa de Turín? ¿Qué «nueva luz» nos ofrece para acercarnos a su misterio?

El misterio que rodea a la Sábana Santa ha dado lugar, en los últimos años, a nuevas investigaciones en profundidad e interesantes descubrimientos que se presentan, por primera vez, en este libro.

Para conocer esta singular reliquia, hay que recorrer primero un doble itinerario, histórico y científico, que se desarrolla ampliamente en la primera parte de esta obra.

El Sudario (del griego sindon, sábana) es una larga tela de lino (442 cm por 113 cm) que seguramente envolvió el cuerpo de un hombre que fue azotado, coronado de espinas, crucificado con clavos y atravesado con una lanza en el costado. En este lienzo podemos ver la huella en negativo del cuerpo que fue envuelto en él, además de las manchas de su sangre, que resultó ser sangre humana real del grupo AB, y que se desprendió de las heridas del cuerpo en un tiempo estimado de 36 a 40 horas. Según la tradición, este es el sudario de Jesucristo.

Los tres primeros capítulos del libro recorren la historia de la reliquia, mientras que el cuarto capítulo se interesa por las interpretaciones que relacionan los lienzos litúrgicos de la celebración con los lienzos de la sepultura de Cristo, a través del análisis, en los comentarios litúrgicos, de los tres términos que los describen, según el léxico de la Vulgata de san Jerónimo: sindon, linteamina, sudarium. El término sindon muestra el cambio más interesante desde finales del siglo XI para llegar a las establecidas y fuertes alegorías del siglo XIII. En efecto, la lectura alegórica de la liturgia vuelve a descubrir y refuerza explícitamente el vínculo entre los lienzos utilizados para la celebración del sacrificio eucarístico y los lienzos sepulcrales que envolvieron el cuerpo de Cristo.

Así pues, estos cuatro primeros capítulos aportan valiosas explicaciones y arrojan luz sobre algunos puntos oscuros de los primeros siglos, cuando la Sábana Santa se ocultaba y veneraba de diferentes maneras. Los tres capítulos siguientes, en cambio, desarrollan principalmente las investigaciones científicas realizadas sobre la Sábana Santa.

El quinto enumera las razones que confirman la autenticidad de la reliquia: la preciosidad y la rareza de la tela, la gran abundancia de polen de Oriente Medio, de áloe y de mirra, la presencia de aragonito similar al encontrado en las cuevas de Jerusalén, una costura lateral idéntica a las encontradas en las telas judías del siglo I y rastros significativos de ADN de Oriente Medio y de la India, que confirman el posible origen de la tela, los rastros de sangre desprendidos de un cuerpo que ha padecido los sufrimientos descritos por los Evangelios, la breve estancia del cuerpo en la sábana, la misteriosa imagen, debida a la deshidratación y a la oxidación de las fibrillas superficiales del lino, que parece proyectada por un efecto foto-radiante, signo de un fenómeno inexplicable presumiblemente vinculado a la resurrección. Además, dos dataciones químicas, basadas en la espectroscopia vibratoria, y un método de datación mecánica, sitúan el origen de la Sábana Santa en la época de Jesús.

Las características particulares de la sangre son el tema del sexto capítulo. La sangre de la Sábana Santa es más roja de lo normal debido a la presencia de bilirrubina, y los ensayos científicos han demostrado que esto se debe a la radiación ultravioleta. La metahemoglobina, un producto de descomposición de la hemoglobina altamente oxidada y envejecida, también se encuentra en la Sábana Santa, lo que confirma que se trata de sangre antigua. Esto también refuta la teoría de una realización artística de las manchas de sangre por parte de un falsificador medieval, gracias a argumentos aprobados que han sido validados por los experimentos presentados en el siguiente capítulo. En este séptimo capítulo también se habla de la probable dislocación del hombro que se deduce de la huella de la Sábana Santa. Pero la novedad más llamativa proviene de un estudio estadístico que anula la validez de la datación por radiocarbono de la Sábana Santa.

Por lo tanto, la investigación histórica y científica presentada en la primera parte del libro elimina definitivamente cualquier duda sobre la autenticidad de la Sábana Santa. A continuación, pasamos a la segunda parte del libro con cinco capítulos de meditación espiritual sobre el Sudario, que puede leerse como un quinto Evangelio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Así, las contribuciones recogidas en este libro ayudan al lector a realizar un viaje de descubrimiento sobre estos complejos temas, tratados de forma clara y exhaustiva, con la posibilidad de profundizar el tema gracias a las ricas notas bibliográficas. De este modo se realiza un viaje entre la historia, la ciencia y la fe que arroja nueva luz sobre el misterio que encierra la Sábana Santa.

 

La datación por carbono 14 había desacreditado la autenticidad de la Sábana Santa hace unos años y ahora muchos piensan que es una falsificación hecha en la Edad Media. En su opinión, ¿por qué esta tesis está científicamente desfasada?

Las modalidades de extracción, la zona de muestreo y la fiabilidad del método para tejidos que han pasado por vicisitudes como las de la Sábana Santa han sido juzgadas insatisfactorias por muchos investigadores. La elección de la zona de la que se tomaron las muestras no fue buena: una zona muy contaminada que además estaba remendada. Por otro lado, un tejido tiene una superficie de intercambio total con su entorno, por lo que no es posible tomar una muestra de una zona que no haya estado en contacto con el exterior. La investigación sobre la Sábana Santa debe realizarse siempre en un marco multidisciplinar, precisamente por la complejidad de este objeto. La falta de multidisciplinariedad fue una de las razones del fracaso de la datación por radiocarbono realizada en la Sábana Santa en 1988.

Junto con el investigador Tristan Casabianca, escribí un importante artículo dirigido al Dr. Giuseppe Pernagallo, analista de datos, y al Prof. Benedetto Torrisi, profesor de estadística de la Universidad de Catania, que apareció en la revista Archaeometry en 2019. Este trabajo examina desde un punto de vista estadístico los datos brutos del análisis de radiocarbono de 1988, es decir, los datos de las mediciones individuales. Durante casi treinta años, los laboratorios se han negado a publicar estos datos en bruto. No fue hasta 2017 cuando se las hicieron llegar a Tristan Casabianca, que emprendió acciones legales para obtenerlas. El análisis estadístico dice que las muestras no eran homogéneas y, por tanto, no podían considerarse representativas de todo el sudario. Por tanto, el resultado de esta prueba no permite considerar que la Sábana Santa se remonte a la Edad Media, como se afirmó en 1988. Es importante que este artículo se haya publicado en Archaeometry, una revista de la Universidad de Oxford, donde se encuentra uno de los tres laboratorios que realizaron la datación de la Sábana Santa en 1988.

 

¿Podría repasar brevemente la historia de la reliquia y contarnos cómo llegó milagrosamente hasta nosotros?

La Sábana Santa se conserva en Turín desde 1578. Estuvo en posesión de la Casa de Saboya desde 1453 hasta 1983, luego Umberto II se la regaló al Papa.

Las primeras informaciones históricas seguras sobre la existencia de esta reliquia se remontan a mediados del siglo XIV, cuando Geoffroy de Charny, un caballero cruzado, entregó la Sábana Santa a los canónigos de Lirey, cerca de Troyes (Francia). Su esposa, Jeanne de Vergy, era bisnieta de Othon de la Roche, un caballero cruzado que probablemente se llevó la Sábana Santa de Constantinopla cuando la ciudad fue saqueada durante la Cuarta Cruzada (1204).

La historia antigua de la Sábana Santa es uno de los misterios más fascinantes de este precioso lienzo. Una antigua tradición atribuye al apóstol Judas Tadeo el transporte desde Jerusalén a Edesa (actual Urfa, en el sureste de Turquía) de la apariencia milagrosa de Cristo que curó a Abgar, el rey de la ciudad, de sus enfermedades. Es a partir de estos primeros momentos de la existencia de la reliquia cuando comienza la primera investigación histórica e iconográfica que se detalla en el libro: una investigación que demuestra como es posible la relación entre los numerosos testimonios literarios y la figura de Judas Tadeo. El análisis pictórico de un antiguo icono, conservado en el Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí, tiende a justificar esta hipótesis.

La existencia en Edesa de un paño con la apariencia de Jesús es relatada por muchas fuentes, algunas de las cuales, árabes, cristianas o musulmanas, son de especial interés y objeto de la segunda parte del libro. En estos textos siempre se menciona un mandīl, un pequeño pañuelo en el que solo se ve el rostro de Cristo; pero esto no es un obstáculo para la identificación de este paño con la Sábana Santa, ya que otras fuentes -que es el objeto de la tercera aportación- informan de que este paño, que los bizantinos llamaban Mandylion, era tetradiplon (doblado cuatro veces). Por lo tanto, es lícito pensar que esta misteriosa tela era la Sábana Santa, doblada de tal manera que solo mostraba el rostro. En el lienzo conservado en Turín también se han identificado rastros de pliegues antiguos que hacen plausible esta identificación. Por lo tanto, el Mandylion que llegó a Constantinopla el 16 de agosto de 944 procedente de Edesa podría ser probablemente la Sábana Santa. La investigación iconográfica lo confirma: las copias del Mandylion, y en general todas las representaciones de Cristo a partir del siglo IV, se inspiran en la venerada reliquia.

El cofre que contenía el Mandylion pudo haber sido abierto durante la larga estancia en Constantinopla, entre 944 y 1204. De este modo, se pudo ver no solo el rostro de Jesús, sino también todo su cuerpo con los signos de la pasión. Esto podría justificar la aparición, durante el siglo XII, de un nuevo estilo iconográfico llamado en Occidente Imago pietatis. Esta nueva tipología representa a Cristo muerto en posición de pie. En Oriente, este estilo iconográfico se conoce como Akrà tapinosis (la Gran Humillación) y E apocathelosis (la Deposición). Otra novedad iconográfica de este periodo es la representación de Cristo crucificado con la cabeza inclinada. Además, está la representación de Cristo descendido de la Cruz y acostado en el sudario, llamada Epitaphios, bordada especialmente en los velos litúrgicos. Al mismo tiempo, en las iglesias bizantinas, aparecen muchos frescos que representan a Cristo tendido sobre un sudario, con los brazos en forma de cruz, en la escena de la Deposición de la Cruz. La peculiaridad de estas representaciones hace plausible la hipótesis de un desvelamiento progresivo del Mandylion.

 

Sabiendo que para los judíos, en la época de Cristo, no estaba permitido conservar un sudario manchado de sangre -me parece-, ¿cómo se puede pensar que la Virgen María y los primeros cristianos pudieron conservarlo?

Sí, los judíos, en la época de Cristo, consideraban impuro un sudario manchado de sangre, pero todas estas normas observadas por los judíos no fueron asumidas por los cristianos: basta pensar en la circuncisión. Y entonces el caso de Jesús fue particular: un sudario que había tocado un cadáver se consideraba impuro, pero el cadáver ya no lo era, la resurrección había introducido un elemento nuevo e imprevisible. La Sábana Santa era el único y precioso testigo de este extraordinario momento y, sin duda, había que conservarlo.

 

¿Cuál es la importancia del mensaje que transmite hoy la Sábana Santa a toda la humanidad?

En marzo de 2020 estaba confinada en mi casa, como muchos, a causa de la pandemia, corrigiendo las pruebas de mi nuevo libro Nuova luce sulla Sindone cuando una noticia inesperada me llenó de alegría: el Sábado Santo 11 de abril, a las 17 horas, Mons. Cesare Nosiglia, arzobispo de Turín, iba a dirigir ante la venerada reliquia una liturgia de oración transmitida en directo a todo el mundo por televisión y redes sociales. Al anunciar el evento, Mons. Nosiglia dijo que «este tiempo de contemplación pondrá a disposición de todos, en todo el mundo, la imagen de la Sábana Santa que nos recuerda la pasión y muerte del Señor, pero también abre nuestros corazones a la fe en su resurrección».

Fue un Sábado Santo extraordinario: cerca de mil millones de personas en todo el mundo pudieron seguir estos emotivos momentos de invocación al Señor, ante la Sábana Santa que nos muestra su cuerpo maltratado. Tuve la sensación de formar parte de un gran coro que meditaba el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Todos los ojos del mundo estaban clavados en una sola imagen que hablaba en su silencio.

Todos necesitamos sentirnos arropados por la luz de la resurrección que cura nuestras heridas físicas y espirituales. La Sábana Santa nos ayuda a encontrar algo sólido donde agarrarnos, como una vela en el mar en medio de la tormenta. Como el manto de Jesús que la enferma quiso tocar para ser curada. Las manos de toda la humanidad estaban representadas por la mano del arzobispo de Turín, que rozó delicadamente el cristal que protege la reliquia.

Con la Sábana Santa vemos en una sola imagen todas las estaciones del Vía Crucis: las marcas de la flagelación, la coronación de espinas y los golpes que preceden a la ejecución, la tierra en las heridas de las rodillas por las caídas, las huellas del patibulum en los hombros, el travesaño de la cruz. Podemos imaginar el tormento de su Madre y la emoción de las piadosas mujeres al ver los terribles sufrimientos de Jesús. Podemos entender la tradición que relata el delicado gesto de una mujer, la Verónica, que enjuga el rostro de Jesús: es precisamente la Sábana Santa, una imagen inexplicable en un paño, la que inspiró esta escena. Y aún podemos ver las heridas de la flagelación que se abren de nuevo al quitarle la túnica a Jesús: los agujeros de los clavos, en las muñecas y en los pies, huellas evidentes de la crucifixión, signo de la muerte en la gran herida del costado de la que sale la sangre y el suero. Por último, el descenso de la cruz y la sepultura en la sábana blanca entregada por José de Arimatea.

Necesitamos el carácter físico de esas heridas que nos acercan a Jesús y hacen nacer la esperanza -que se convierte en certeza- de que no todo acaba con la muerte. «Más fuerte es el amor», subrayó Mons. Nosiglia. Esta era la consigna de esta ostensión. Y continuó diciendo: «Este es el anuncio pascual que la Sábana Santa nos hace revivir y llena nuestros corazones de gratitud y fe». «Fe en su resurrección», son las reconfortantes palabras del Arzobispo de Turín.

En el Sudario, no vemos solo las heridas del Señor. Vemos la imagen de su cuerpo, entero y solemne en la muerte, pero misteriosamente impreso por un fenómeno que ha amarilleado el lino como lo hace la luz. Las costras de sangre restantes, parcialmente redisueltas, atestiguan un tiempo de contacto de unas 36 a 40 horas. Las horas de la tarde del Viernes Santo, el Sábado Santo y el amanecer del Día de Pascua. No más. Este cuerpo no permaneció en la tumba, no hay signos de putrefacción.

En una época en la que el miedo a la muerte era aún mayor, por el riesgo de contagio, y porque tantos seres queridos han sido apartados de nuestro afecto, la Sábana Santa nos envuelve en el calor del amor de Aquel que dio su vida por nosotros.

Monseñor Nosiglia lo recordó con insistencia: «Sí, el amor con el que Jesús nos dio su vida y que celebramos en Semana Santa es más fuerte que todo sufrimiento, que toda enfermedad, que toda epidemia, que toda prueba y desánimo. Nada ni nadie podrá separarnos de este amor, porque es un amor que es fiel por toda la eternidad y nos une a él con un vínculo indisoluble. Sí, la Sábana Santa nos lo repite siempre al corazón: más fuerte es el amor».

Ver la Sábana Santa reconfortó nuestros corazones que vivían el ayuno de la Eucaristía. Cuando volvimos a recibir la Eucaristía, fue con una nueva conciencia, después del sufrimiento de estar lejos del Cuerpo del Señor. Este Cuerpo que nuestros ojos ven impreso en la Sábana Santa, cubierto con la sangre de sus heridas, de la que todos somos responsables. Pero los ojos cerrados del Rostro, serenos en el terrible sufrimiento, nos hablan de la misericordia de Dios, que no quiere mirar nuestros pecados.

«El amor que nos muestra la Sábana Santa nos permite creer que al final la luz triunfará sobre las tinieblas, el desánimo y el miedo -dijo Mons. Nosiglia- y la vida triunfará sobre la muerte y todos los demás males que acechan a la humanidad».

Ante la Sábana Santa, por tanto, en un Sábado Santo que no se olvidará, contemplando este cuerpo, esta sangre, este rostro, hemos sentido el verdadero consuelo de esta certeza: más fuerte es el amor. Este es el mensaje de esperanza que transmite la Sábana Santa.

 

Entrevista realizada por François Vayne